CELAC: unidad y diversidad en la integración latinoamericana

ARGENTINA, 18 de febrero de 2014. En la ciudad La Habana, capital de Cuba, tuvo lugar los últimos días de enero la II Cumbre de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (CELAC) con amplias repercusiones que no fueron en vano. Ellas obedecen a que, sin duda, la CELAC constituye uno de los organismos regionales más novedosos de los últimos tiempos, específicamente luego de la derrota del ALCA y ante el rediseño en los ejes de vinculación en la región a mediados de la década pasada.

Novedoso, por un lado, porque al reunir a los 33 jefes de Estado de América Latina y el Caribe sin la presencia de Estados Unidos, contribuye –de igual forma que lo hizo UNASUR, pero a una escala mayor aún–, a desafiar el lugar de la OEA y la injerencia norteamericana en los asuntos latinos.  Por el otro, porque a diferencia de varias instancias regionales de las que solamente conocemos los momentos de Cumbres y encuentros presidenciales, la CELAC demostró que entre su fundación en Caracas, a comienzos de 2011, y esta segunda cumbre en la Habana, hubo una amplia actividad de los foros creados por el organismo, por ejemplo, grupos de trabajos específicos sobre cuestiones de empleo, seguridad alimentaria y pobreza, que constituyeron la base de varios de los 83 artículos de la declaración final.

Además, con diálogos y vínculos con la ONU, con la Unión Europea y con otros organismos internacionales, esto le valió el reconocimiento como entidad regional, que se concretizó con la presencia de Ban Ki-moon, presidente de las Naciones Unidas. Así como también fue resaltada la presencia José Miguel Insulza, titular de la OEA, entidad sobre la que se presenta como contracara.

De la declaración final, sin duda, existieron algunos puntos sobresalientes, que caracterizaron a esta cumbre. Por ejemplo, un ítem que en los días previos logró el consenso de todos los cancilleres, que consistió en la declaración de la región como zona de paz, que implica el compromiso permanente de resolver las controversias sin el uso de la fuerza y, a su vez, la promoción del desarme nuclear y el respeto del derecho de los Estados a elegir su sistema político, económico y social, ente otras cuestiones. De forma similar a lo actuado por UNASUR ante el conflicto entre Ecuador y Colombia, esto permitiría la intervención del organismo ante eventuales conflictos entre países miembros o con países externos que pudieran tener un desenlace militar.

El punto 50 del documento, como estaba previsto ante el impulso de nuestro país, dejó expreso el respaldo a la Argentina en su disputa por la soberanía de las islas Malvinas, con énfasis en que dicha disputa se resuelva por la vía pacífica y la negociación. Completaba dicho ítem: "Reiteramos la más plena solidaridad con la República Argentina en su reclamo de soberanía de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y sus mares adyacentes”. Un adelanto ya lo había hecho el presidente de Cuba, Raúl Castro, al manifestar su “plena solidaridad” con la Argentina en el reclamo por la soberanía sobre las islas Malvinas y llamó al Reino Unido “a que acepte el diálogo y la negociación”, que hizo durante el discurso de apertura de la II Cumbre CELAC.

Como ya es (una buena) costumbre de estos tiempos en la mayoría de los foros regionales, se reiteró además el “enérgico rechazo de la región al bloqueo impuesto por Estados Unidos a Cuba, al igual que cualquier otra medida coercitiva unilateral que afecte a un país de la región”. El Estado anfitrión fue respaldado asimismo porque se condenó la inclusión de Cuba en una lista elaborada por el Departamento de Estado de los EE.UU. de países que promueven el terrorismo internacional.

El viejo y conocido lema “Unidad en la diversidad” fue la consigna que protagonizó la cumbre de la Celac y, justamente, uno de los desafíos que enfrenta el flamante organismo gira en torno al segundo de los conceptos. ¿Cómo se conciliarán presentes políticos tan disímiles como los de los países de la Alianza para el Pacífico y el ALBA? Este es un problema similar al que le ocurre en UNASUR y quizá se despliegue también en el MERCOSUR con el reciente ingreso de Venezuela.

Todos pueden anhelar la integración latinoamericana, la cuestión radica en para qué y cómo. Entonces, a los entusiasmos generados por la Cumbre de La Habana hay que agregarle que es en las diversas coyunturas donde irá observando el desarrollo y la proyección del organismo y se irán expresando aquellas diversidades. Lo que no obtura, desde ya,  reconocer como una gran novedad en la historia latinoamericana, más plagada de fragmentación que de unidad, la existencia en sí misma de la CELAC, sobre todo, a casi doscientos años de del intento frustrado de Bolívar. (Por: Julián Kan,www.todoamerica.info )