Cumbre de la CELAC en La Habana, optimismo por una esperanza cierta

La Habana, 17 de enero de 2014. Los días 28 y 29 del presente mes de enero, se reunirán nuestros países  en La Habana, para celebrar la Cumbre de la Comunidad  de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Desde ya, puede asegurarse que tal encuentro entre países hermanos será un éxito total. Y no es una afirmación festinada, es mucho más que un deseo, porque está basada en hechos concretos imposibles de cuestionar.


Como se conoce, durante los últimos años se han producido cambios muy grandes en la América Latina y el Caribe; digamos que han surgido gobiernos progresistas; fue sepultada el ALCA, y ya existen varios mecanismos, como el ALBA, honrosa contrapartida de aquella. Pero hay mucho más, si nos atenemos a breves datos de la FAO: el índice de hambrientos en nuestra región descendió de 14,7 % a 7,9 %. También ha bajado el indicador de pobreza, ya que en 1990 era de 48,4 % de pobreza y 22,6 % de indigencia; y ya para el 2012 decayeron a 28,8 % y 11,4 % respectivamente.


Nuestro optimismo cuenta con otros argumentos muy sólidos. La CELAC surgió victoriosa desde su propia constitución en diciembre del 2011, con la particularidad de la exclusión de Estados Unidos y Canadá, ¡que maravilla!; nació como el reverso de la desprestigiada OEA, la misma que nos expulsó de esa organización en 1962.


La propia Cristina Fernández, presidenta de Argentina, ha dicho que la designación de Cuba para asumir la presidencia pro témpore de la CELAC, se trató de una victoria contundente sobre el aislamiento y la política fracasada estadounidense y un verdadero cambio de época. Pero no debo excluir que  los miembros de la CELAC han llegado a un consenso sobre lo imprescindible de la equidad, la inclusión y la erradicación del hambre y la pobreza.


Es sumamente alentador que en el pasado Encuentro de Caracas se discutieron tres temas de enorme importancia, es decir, la alimentación, la educación  y  la salud como derechos de los pueblos, y no como negocio. Y, por otra parte, 16 países de nuestra región han cumplido la meta de reducir a la mitad el número de personas que padecen hambre, cuando aún faltan 2 años para cumplir el período  fijado por los Objetivos del Milenio.


Eso sí es luchar por la igualdad y la justicia; otros siguen buscando la solución de los graves problemas del mundo mediante discursos hipócritas que concluyen invocando a Dios, mientras lanzan bombas contra los pueblos.   ¿Pueden sentir la misma satisfacción el opulento norte y Europa, agobiados por la inseguridad, las justas manifestaciones populares en contra de las medidas de choque que tanto hacen sufrir a sus propios ciudadanos? ¿Cómo pueden hablar de derechos humanos los que constituyen organizaciones internacionales no para beneficio de esta humanidad, sino precisamente, para frenar las naturales ansias de independencia y decoro? ¿Creerán que la codicia vencerá a la razón humana? 


¡Pero alertas! Tampoco dejemos que nuestros triunfos políticos y sociales ensombrezcan la  inteligencia común de la patria grande que soñamos. Es preciso luchar con gran tesón para evitar, a toda costa, que el enemigo común destroce nuestros justos anhelos de bienestar para todos. Estados Unidos, como siempre ha hecho, busca incesantemente, la forma de debilitarnos, aprovechando las  diferencias políticas e ideológicas entre los gobiernos del área para minar sus objetivos.


Desconocen así que la victoria de la CELAC está basada, precisamente, en el respeto absoluto a la diversidad, o como se acostumbra decir atinadamente, “la unidad en la diversidad”. Cuba, por su parte, defiende con fuerza tal principio, el único posible en un mundo actual tan complejo y de extremo peligro; abraza con vehemencia el significado de las palabras de Don Benito Juárez, “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Cuba y sus hermanos latinos y caribeños, agrupados en la CELAC solo desean ejercer sus derechos sin menoscabo de los demás. Así de simple. ¡Que se nos respete!  


(Celac-Cuba- Radio Cubana)